Diego Fullaondo, Soitu.es.
Continuando con lo planteado en el post anterior, surgen un montón de preguntas: ¿cómo se forma a un alumno para que sea capaz de generar hipótesis?; ¿vale cualquier alumno?; o incluso más importante, ¿vale cualquier profesor o cualquier programa de asignatura? Algunas consideraciones a este respecto:
Es urgente ya definir lo específico del arquitecto. No podemos continuar con un modelo generalista arcaico y menos aun lanzarnos en brazos de actividades parciales vinculadas a una práctica profesional concreta de casuística infinita. Ni podemos formar a miles de Leonardos da Vinci, ni podemos pretender ser expertos reconocidos en ascensores, sociología, mobiliario urbano y cálculo estructural. Hemos asumido, y razonablemente bien por cierto, esas funciones durante mucho tiempo, pero se acabó. Ahora hay que decidir qué es lo que hacemos realmente bien y que nadie puede hacer aparte de nosotros.
El panorama asusta un poco, desde luego. Da miedo encontrarse con una respuesta (que siempre las habrá) del tipo: ¡es que no servís para nada! Sinceramente creo están todavía más equivocadas. Siempre harán falta ideas para seguir creciendo. Para seguir mejorando los asentamientos humanos de cualquier escala. Y esas hipótesis nuevas, que habrá que comprobar, nunca nacerán de la simple repetición de lo que ya sabemos, de la gestión de lo ya conocido o del ajuste técnico-científico de lo ya confirmado.
He oído razonamientos de todo tipo "quiero que mi hijo tenga las mismas competencias que yo", o "el día que perdamos la firma, estamos acabados". A los primeros, sólo puedo recordarles que el cambio existe y es necesario. La muerte es lo único que está quieto (en principio). Y a los segundos: la autoridad que deriva de una simple imposición administrativa, tarde o temprano, acaba también por morir. Generalmente de forma violenta.
Comentando todos estos temas con otros profesores, Ciro Márquez me preguntó si la estructura profesional en la que estaba pensando para los futuros estudios de arquitectura era similar a la de las agencias de publicidad: dos departamentos claramente diferenciados, con dos tipos de especialistas también muy distintos entre sí; lo que ellos llaman creo, ejecutivos y creativos. Es muy posible que sí. Me parece que muchos grandes estudios de arquitectura actuales ya funcionan realmente de esta manera. Es probable que el futuro nos reserve a los arquitectos exclusivamente el entorno de lo creativo, mientras que tanto las fases de análisis como las de ejecución definitiva, se afronten desde grandes equipos de especialistas en cada campo (entre los que accidentalmente, por supuesto, también puede haber arquitectos reconvertidos).
Ya se verá. Pero en cualquier caso, sea éste el futuro o sea otro, lo que está claro es que ya podemos decir ¡adiós! a la figura del señor arquitecto de antaño.
