La última obra del arquitecto Santiago Calatrava en Valencia ha provocado dos muertes en cinco meses. La mala construcción y equipamiento de sus puentes y edificios no son hechos aislados: van con la marca de autor.
Anarmana, Soitu.es.
El pasado diciembre fue inaugurado el puente L´Assut de l´Or entre elogios a su arquitecto, Santiago Calatrava, quien aseguró que la obra transmite un mensaje "de fe y esperanza en el futuro, de acogida a los que vienen y de amor y devoción por Valencia y los valencianos". Su edulcorado discurso contrasta con lo que cinco meses después evidencia la mala construcción de la obra: han muerto dos motoristas y ocurren multitud de accidentes por el cambio de rasante que tiene en mitad del trayecto. Es una anecdótica paradoja que la traducción del nombre del puente, “L´Assut de l´Or”, sea “La parada del oro”.
Incluso antes de que ocurrieran accidentes mortales, los usuarios y usuarias ya demandaban una señalización que avisara del cambio de rasante. El semáforo que hay al final del puente produce una larga cola de coches parados que no se ve. Además, de noche la peligrosidad aumenta porque las luces laterales que decoran la barandilla deslumbran a los y las conductoras. El Ayuntamiento de Valencia, intentando cubrir a su “hijo predilecto”, ha anunciado disimuladamente que buscará soluciones. Soluciones que, de cualquier forma, sumarán números al coste de más de 23 millones de euros del puente; adición que, por otra parte, ya se ha vuelto normal en las obras de Calatrava.
En el Museu de les Arts Príncipe Felipe hubo que construir unas escaleras que llegaran hasta la elevada construcción. Calatrava no había equipado el museo con salidas de emergencia, por lo que hubo que superponer las escaleras exteriormente cual alas de Pegaso. Las lluvias de 2007 revelaron que el Palau de les Arts también carecía del equipamiento necesario para evitar una inundación. Los daños por la reposición se elevaron a más de 22 millones de euros, cifra que se sumó a los más de 300 millones de euros que costó a las arcas públicas el edificio. Además, hubo que hacer un cambio de butacas por problemas de visibilidad y las compañías critican la mala sonorización de la sala. Pero ninguna crítica impide que Rita Barberá siga concediendo millonarias construcciones a Calatrava. El ego de la alcaldesa de Valencia, que denomina al arquitecto un “profeta en su tierra”, supera cualquier presupuesto, crítica o hecho. Sin ir más lejos, no sólo l´Assut de l´Or revela importantes fallos. Ninguno de los puentes anteriormente construidos por Calatrava está previsto de carriles bici ni se tiene en cuenta a los peatones, que tienen que hacer un gran esfuerzo para salvar las curvas de los puentes, siempre presentes incluso si el terreno es plano.
Los problemas que surgen en las construcciones de Valencia no son excepcionales. Este valenciano “universal”, como le gusta tildar a Barberá, fue investigado por la Fiscalía de Venecia el año pasado, a causa de un aumento del presupuesto inicial de un puente. De los 4,7 millones previstos, los costes de la construcción pasaron a 20 millones de euros, ya que, una vez más, el puente carecía del acceso adecuado para las sillas de ruedas. Por no hablar de la vergonzosa demanda que el arquitecto impuso al Ayuntamiento de Bilbao por querer modificar un puente construido hace diez años y que forma parte de la infraestructura civil. ¿Realmente quieren los valencianos que Calatrava siga teniendo el honor de ser “hijo predilecto” de Valencia? ¿No sería mejor ceder el puesto a alguien que sienta responsabilidad por el uso que ciudadanos y ciudadanas harán de sus obras?