Los rectores quieren aprovechar el Plan de Bolonia para que el curso comience en septiembre y se acabe en mayo
Eva Montes para El Comerciodigital.com
Los estudiantes de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid llevan años aplicándolo y diferenciándose con ello del resto de la Universidad española. Comenzaron el curso 2008/2009 el 4 de septiembre. Del 8 al 21 de enero realizan los exámenes del primer semestre, el de otoño, y el 2 de febrero comienza el segundo ciclo, el de primavera, que, interrumpido por las vacaciones de Semana Santa del 4 al 13 de abril, finaliza sus clases el 29 de mayo.
Los exámenes habrán de concentrarse entre el 1 y 15 de junio, y, una semana después, el 22, las calificaciones han de estar cerradas, porque la convocatoria extraordinaria se realiza en julio. Después, un mes de vacaciones totales para los buenos y los malos estudiantes, para comenzar el próximo curso de nuevo a primeros de septiembre.
Ese es el sistema que ahora quieren aplicar todas las universidades españolas y así se lo hará saber al Gobierno la Conferencia de Rectores a través de los dos ministerios competentes: el propio universitario, el de Ciencia e Innovación, y el de Educación, Política Social y Deporte, toda vez que sería imposible de llevar a cabo sin la modificación previa del modelo y el calendario de las Pruebas de Acceso a la Universidad.
La principal razón que aduce el presidente de los rectores, Ángel Gabilondo, es de operatividad. Mantiene como «indispensable» el cambio de los exámenes de septiembre a julio, porque «están demasiado lejos de los de junio», y es que considera comprobado que en la mayor parte de las universidades la matrícula de septiembre es baja y los resultados, malos.
De ese criterio participa el rector de la Universidad de Oviedo, quien explica esta situación en la heterodoxia de cada facultad o escuela a la hora de marcar las fechas de exámenes. «Hay centros que terminan los exámenes casi a mitad de julio y muchos estudiantes aprovechan los cursos de verano para consumir los créditos de libre configuración. Al final, se presentan pocos y no con muy buenas notas», afirma Vicente Gotor, quien comparte así el criterio expresado por Gabilondo sobre el adelanto a julio de los exámenes de septiembre. «Yo creo que será bueno que sean más continuados, sobre todo para aquéllos que les falta poco para aprobar».
El paraguas de Bolonia
A decir verdad, no se trata de una propuesta novedosa, no sólo porque ya se está aplicando en algunas universidades, sino porque los rectores llevan años manejando esta posibilidad, pero no acababan de ver el momento oportuno para aplicarla. Y el paraguas apropiado lo proporcionó el Plan de Bolonia, que, teóricamente, ha de estar implantado para 2010 e incluye en su profunda reorganización de los estudios universitarios españoles la evaluación continua de los alumnos y la adaptación de las pruebas de acceso.
De hecho, la evaluación continua, y especialmente la forma de llevarla a cabo, es la condición indispensable que el representante estudiantil de la Universidad de Oviedo José Armas maneja para aceptar como bueno el nuevo calendario universitario. «Son temas a debatir, porque, en el mejor de los casos, ese proceso sólo se podría llevar a cabo con una evaluación continua razonable». Armas, estudiante de Ingeniería Técnica Informática, mantiene que «si cada asignatura, y son muchas, encarga un proyecto semanal, va a ser imposible sacar adelante las evaluciones por muy continuas que sean. Además, habrá que tener en cuenta que si el 10 de junio no aprobaste una materia, no lo vas a hacer el 4 de julio».
La evaluación continua es, de hecho, uno de los caballos de batalla de la nueva organización. El decano de Medicina, partidario, «sobre el papel» del nuevo calendario, se cuestiona también la operatividad administrativa. Pero esta vez desde la perspectiva de los profesores. «La propuesta es interesante, pero hay que ajustar muchas cosas, porque nosotros tenemos exámenes hasta casi la mitad de julio. No sé si el alumnado querrá unos exámenes tan seguidos y tampoco sé si nos va a dar tiempo a tener las actas listas en los plazos que se barajan. El funcionamiento de los centros será fundamental. Hay que valorarlo todo», explicó Pedro Riera.
Sin entrar en demasiados inconvenientes, el director de la Escuela Politécnica Superior de Ingeniería de Gijón, un centro, como todos los de carreras técnicas, con un retardo en la finalización de los estudios más marcado que el de Medicina, defiende el nuevo calendario. «Me parece positivo por las ventajas añadidas del proceso de Bolonia, con la evaluación continua. Sobre todo porque aquí en septiembre se presentan pocos alumnos y julio facilitaría las cosas», afirmó Hilario López.