A finales del siglo XIX la arquitectura española desembocó en la llamada 'arquitectura ecléctica'. Quizá por falta de imaginación se empezaron a recuperar antiguos estilos arquitectónicos que interpretaban de nuevo el arte clásico griego, el gótico, el mudéjar, el bizantino o las formas medievales. Hoy día, el supuesto castillo medieval de Butrón (Vizcaya), la basílica de Covadonga, la basílica de Atocha (Madrid), la plaza de toros de Madrid, la antigua Universidad de Barcelona o el Museo Etnográfico de Madrid son, respectivamente, algunas de las muestras medievales, normandas, bizantinas, mudéjares, románicas o griegas de aquella arquitectura ecléctica.
Sin embargo, también surgió una explosión de creatividad llamada "Gaudí". La audacia del genio catalán llegó hasta pretender pintar las fachadas góticas de la catedral de Palma de Mallorca con enormes llamaradas que ascendían al cielo. Falleció el obispo que defendía a Gaudí y el proyecto fue definitivamente frenado por un escandalizado Cabildo Catedralicio. Junto a Gaudí apareció en España otro arquitecto renovador llamado Ricardo Velázquez Bosco (Burgos 1843 - Madrid 1923), encargado de traer a España la Arquitectura del Color europea.
Seguidor del genial John Ruskin y de arquitectos alemanes de mediados del XIX que trabajaron para Luis II de Baviera, como Gartner, Kreuter, Von Neureuther o Ludwig Lange, nuestro Velázquez Bosco proyectó el Palacio de Cristal y el Pabellón de Velázquez, ambos en el madrileño Parque del Retiro, la Escuela de Minas, la actual Escuela Superior del Ejército o el Ministerio de Fomento, todos ellos edificios emblemáticos del Madrid decimonónico. Su estilo se resumía en combinar formas y colores sobre las fachadas, con intenso empleo del ladrillo rojo, ocre y siena, de las cerámicas y azulejos multicolores y de los estucados. Puede asegurarse que su deslumbrante arquitectura del color no fue comprendida por muchas personas de la época.
A Comillas también llegó la arquitectura ecléctica del XIX, con el palacio neogótico de Sobrellano, y la arquitectura neomudéjar representada por el edificio principal del Seminario Pontificio. Tuvimos la fortuna de que Gaudí dejara su impronta en El Capricho, mientras que una muestra de la arquitectura del color quedó plasmada en la portalada del propio Seminario. Todo el arco iris envolvió la bella entrada, gracias al inteligente uso del ladrillo, las cerámicas y los estucos.
Ahora, de la mano de arquitectos y especialistas, la restauración que se lleva a cabo en el conjunto del Seminario ha producido su primer fruto en la portalada, recuperando, en parte y discretamente, los vivos colores que la obra exhibió al nacer. Se ha hecho un prudente y respetuoso trabajo, recordando la intención de sus primeros creadores. Algo similar se hizo en el antiguo Ministerio de Agricultura y su espléndida sede de la madrileña plaza de Atocha cuando comenzó, en 1999, la restauración del edificio. El objetivo final fue recuperar los fulgurantes colores con los que Velázquez Bosco revistió el palacio, ayudado por el ceramista Daniel Zuloaga.
La incomprensión que rodeó a Velázquez Bosco, sus formas y sus colores, parece seguir viva en Comillas un siglo después. Para algunos vecinos de la villa, posiblemente poco versados en la historia de la arquitectura española, la portalada recién restaurada es una aberración chocante. Quizá habrían preferido mantener su cara lavada y deslucida por lluvias y vientos, conservando su pálida decadencia y olvidar para siempre el fulgor de sus azules cobalto y los destellos coloristas con los que fue revestida la pequeña joya comillana.
De haber vivido un siglo atrás, esos mismos detractores quizá habrían condenado a Gaudí al limbo del paro. Siguiendo el hilo de su pensamiento, consentirían que cualquier obra maestra del Museo del Prado se ennegreciera y craquelara con el paso del tiempo, antes que permitir la recuperación del color original. Bienvenida sea la restauración de esta muestra española de la Arquitectura del Color, desgraciadamente asaltada por la proximidad, irrespetuosa e ignorante, de una deplorable urbanización consentida en tiempos oscuros para nuestro municipio y su extraordinario patrimonio.