Nacido en Basilea en 1943, Zumthor comenzó formándose como ebanista, la que fuera profesión de su padre, para tomar posteriormente los estudios de arquitectura. Tras trabajar más de una década como responsable del Departamento de Preservación de Monumentos del Cantón de Graubünden, estableció su estudio en 1979, donde todavía continúa trabajando junto a un equipo de quince personas, aceptando únicamente aquellos proyectos con cuyo programa puede sentir una profunda afinidad y en los que se involucra enteramente, controlando su realización hasta el menor detalle. Late en esa dedicación que él plantea como devoción, la convicción de un sentimiento de inclinación hacia la belleza en su concepción más puramente platónica. El ensayo Thinking Architecture, donde expresa su comprensión del hecho de hacer y vivir la arquitectura, manifiesta con claridad que su objetivo fundamental es lograr impregnar a sus edificios con ella para dotarlos de alma y crear una arquitectura capaz de apelar profundamente a las dimensiones sensuales del cuerpo y a las dimensiones emocionales y racionales del intelecto. «Para mí, los edificios poseen un bello silencio que asocio con atributos como compostura, durabilidad, presencia e integridad, también con la calidez y la sensualidad. Es hermoso estar haciendo un edificio e imaginarlo en total serenidad» sostiene.
