Fredy Massad para ABCD, suplemento cultural de ABC.
Dentro del presente panorama de crisis económica, se hace preciso reafirmar la sensatez de la arquitectura. No ya sólo por la evidente imposibilidad inmediata de invertir presupuestos ilimitados en edificios estrella, sino porque el contexto plantea la necesidad de demostrar la fuerza de la arquitectura como actor regenerador para redefinir nuevos patrones de funcionamiento social y cultural que sirvan asimismo para construir una definición de arquitectura verdaderamente coherente para este momento y el futuro más próximo.
En desarrollo. El uso de contenedores en arquitectura está comenzando a experimentar un interesante desarrollo que está haciendo patente su potencial para generar soluciones constructivas polivalentes de bajo costo. «Se adecúan a los principios de firmeza, durabilidad y utilidad, y abren un infinito potencial de soluciones e interpretaciones estéticas para el arquitecto», explica Jure Kotnik, autor del volumen Container Architecture, donde, mediante una selección de cuarenta y cinco proyectos, pone de manifiesto cómo la transformación de contenedores de formato estándar ISO en viviendas, oficinas, locales comerciales, galerías de arte, escuelas? se está constituyendo como la más sólida referencia modelo al plantear una arquitectura útil y realista.
La rigurosa y didáctica selección elaborada por Kotnik no es sólo una síntesis de remarcables proyectos arquitectónicos, sino también un modo de acabar con la mirada fascinada y superficial que en los tiempos recientes se ha estado lanzando sobre la arquitectura de contenedores, que, como Kotnik apunta, se había ido convirtiendo en uno de los objetos de deseo favoritos de los medios de tendencias, poniendo en evidencia que su uso como bloques de construcción se trata de algo mucho más sólido que una simple moda atractiva nacida a la estela de los manifiestos arquitectónicos y artísticos de mediados de los años 90, para los que fueron empleados por primera vez.
En el contexto actual, en el que los arquitectos han asumido la responsabilidad ecológica como cuestión de moda -que tiende a culminar en un mero eco-chic, y en donde el gasto de energía y materiales no logra ni el ahorro ni la sostenibilidad que son su teórico objetivo-, los contenedores no deben entenderse como una herramienta al servicio de esta moda, sino como la evidencia de la factibilidad de la reutilización de materiales descartados para un uso concreto, así como la posibilidad de un reciclaje absolutamente integral de uno de los productos eminentemente paradigmáticos de la era industrial.
Abandonados. Patentados en la década de los 50 por Malcolm McLean, los contenedores ISO son elementos prefabricados, compactos, robustos, de paredes de acero y suelo de madera, resistentes a los cambios de temperatura y a las agresiones meteorológicas. Se producen masivamente, ya que son compatibles con todos los sistemas actuales de transporte. Hoy hay una ingente cantidad de ellos abandonados en los puertos de todo el mundo, cuyo excedente supone un uso inútil de espacio así como un desperdicio de acero, que los operadores portuarios venden a bajo precio.
Su estructura permite una construcción rápida y sencilla mediante ensamblaje, a la manera de gigantes piezas de lego. Precisan de una adecuación mínima para ser habitables: aislamiento y climatización, apertura de ventanas, instalación de una fachada? De su posterior uso y de los gustos del futuro habitante dependerá si éstos son totalmente ocultados para dotar a la estructura de la apariencia de un clásico chalet familiar con una delicada fachada de madera, si se prefiere preservar e intensificar su carácter de producto industrial o si se opta por una auténtica función original. Su flexibilidad le permite acoger espacios donde concretar todos los principios de la vivienda moderna o bien llevar al extremo investigaciones radicales espaciales y estéticas.
Como un gran Lego. Ese énfasis en el carácter material y estructural del contenedor -también contextual, ya que se trata de estructuras sitas en zonas portuarias- da lugar a obras como la galería de arte GAD, de MMW Architects, o el Kunstlab Orbiono, de Luc Deleu y T.O.P Office, que culminan más espectacularmente en el Nomadic Museum, de Shigeru Ban, o el Container Mall, de LOT-EK, con una construcción que en su materialidad quiere yuxtaponerse a la arquitectura de vidrio y mármol de la zona urbana donde se situaría. A menor escala y en un uso provisional, Uniqlo, otro proyecto de LOT-EK, constata, a través de su expresividad estética, su capacidad para constituir un foco a partir del cual generar eventos dentro del tejido urbano. Frente a este carácter, de entre los proyectos seleccionados por Kotnik, aparece Cubes, de USM Ltd., un proyecto de vivienda y espacio laboral para artistas con una presencia que busca la fusión material con el entorno rural donde se encuentra. Entre los proyectos producidos en España, destaca el Centro Tecnológico Rural en Marrozos (Galicia), de Arquitectos Asociados de Santiago, un sistema de contenedores como unidades de trabajo y vivienda; y el prototipo Container Housing, de Gustau Gili, que propone células habitables de 30 a 90 m2 basadas en la dualidad entre los distintos espacios domésticos.
Se trate de construcciones estables o efímeras, la arquitectura del contenedor expone la posibilidad de nuevos parámetros de relación entre individuo-edificio-entorno de un modo que posiblemente no sugiere todavía con idéntica claridad e intensidad la arquitectura construida con materiales convencionales.
Asimismo, se hace hasta cierto punto verosímil y deseable la hipótesis propuesta por Kotnik: que el contenedor abra el camino hacia un nuevo funcionamiento del consumo de la arquitectura para la era de la información, comparable al modo en que funciona la industria del automóvil, y que permitiría a cada cliente elaborar una casa a su medida, localizando y adquiriendo por internet el tipo de unidad precisada, dirigiendo el proceso de construcción de acuerdo a sus necesidades específicas, disponiendo de un asesoramiento profesional en línea.
De sentido común. El contenedor como material y base de trabajo y el sentido común como eje. Si en Occidente hay una sobresaturación de contenedores por la asimetría en el sentido de las importaciones procedentes del Lejano Oriente, la lógica empuja a decidir qué debe hacerse con esas estructuras descartadas para su función original. Su reutilización es una lección de ecología básica, que no es preciso adornar con discursos proselitistas. Estructuralmente sólidos, firmes y duraderos, son útiles gracias a un simple acondicionamiento. De eso se trata. El contenedor se presenta como una respuesta racional a un problema concreto, superando cuestiones estilísticas y haciendo secundaria la cuestión formal. Un ejemplo simple de reutilización y readaptación que nos lleva a retomar cuestiones esenciales, a no despilfarrar, como consecuencia de la dictadura de la industria, nuevos elementos que serán futuros desechos inutilizables. Hoy el contenedor ISO se alza como una respuesta que va a poder instigar el descubrimiento de otras muchas respuestas.
