Entrevista de Fulgencio Torremocha para Las Provincias.
En este momento de crisis generalizada, pero con una incidencia mayor si cabe en la construcción, ¿cuál es el sentir del profesional?
-Quiero manifestar que el sector de la construcción, como tal, no está en crisis. De hecho, goza de buena salud, máxime cuando acabamos de completar un ciclo económico que ha resultado ser muy beneficioso. Efectivamente, el sector de la construcción se ha resentido mucho porque ha habido un fuerte descenso en las ventas de viviendas por falta de recursos financieros de las economías familiares, y también por agotamiento de la financiación a las empresas promotoras. Esto ha traído consigo un considerable aumento del paro y, de este modo, nos ha arrastrado también a los profesionales del sector.
-En cifras, ¿cuál sería la incidencia de la crisis en la firma de proyectos?
-La verdad es que la incidencia de la crisis en la profesión ha sido bastante dramática. En cuestión de visado de proyectos de viviendas, tanto libres como de protección oficial, el descenso ha sido del 57,48% respecto del año anterior. Y lo peor es que no se advierte repunte alguno para este año que hemos iniciado. Como solemos comentar entre compañeros: los encargos ni están ni se les espera.
-¿Qué alternativas se ofrecen desde el sector para incentivar la compra?
-Las empresas del sector están abaratando costes, bajando los precios de las viviendas e incluso, en muchos casos, se incentiva la compra incluyendo las plazas de garaje en el precio que tenían de salida. Pero aun así, el problema es la falta de financiación que sufren los usuarios a la hora de solicitar un crédito hipotecario. Se encuentran con que los bancos presionan a las entidades tasadoras para que valoren muy estrictamente las viviendas, lo que provoca tensiones a la baja en el precio de las viviendas. En algunos casos, los compradores han tenido que renunciar a las viviendas comprometidas mediante contrato privado con dinero a cuenta por falta de financiación. La situación está siendo verdaderamente dramática.
-En qué medida el promotor se deja aconsejar por el profesional de la arquitectura para definir determinada promoción?
-Los profesionales somos de gran ayuda al promotor a la hora de estudiar la viabilidad económica de una promoción. En pocos días somos capaces de cuantificar numérica y gráficamente las posibilidades que ofrece un determinado solar, parcela o unidad de ejecución, en cuanto a su aprovechamiento urbanístico en metros cuadrados de techo y cómo se formaliza dicho aprovechamiento, con vistas, por ejemplo, a establecer el coeficiente de permuta o el precio que puede ofrecer al propietario del solar o parcela. Se puede concluir que el promotor confía en el profesional de la arquitectura.
-¿Cómo soporta el profesional la crisis?
-El profesional está soportando la crisis a duras penas. En muchos casos, esta situación ha llevado a los arquitectos a la reducción de sus plantillas e incluso al cierre de sus despachos. Nuestra estructura productiva se basa en los recursos humanos, por lo que si desciende súbitamente el número de encargos, como ha ocurrido en el último año, es inevitable que se produzcan regulaciones severas, de modo que el arquitecto se queda solo en el despacho atendiendo el teléfono, delineando sus propios planos y haciendo él mismo, en definitiva, el poco trabajo que le queda.
-En el plano académico, ¿reciben un nivel de preparación acorde con las necesidades?
-El nivel de conocimientos técnicos y profesionales derivados del ejercicio libre de la profesión son, actualmente, mucho más exigentes que, por ejemplo, hace 20 años. En cambio, el nivel de preparación cada vez es menos exigente, por lo que los estudiantes salen cada vez peor preparados. Lamentablemente esa es la verdad. El origen de este problema lo desconozco, pero puede estar relacionado con la política universitaria desarrollada por los últimos gobiernos de Aznar y Zapatero, acordes con los vientos neoliberales que corren últimamente por toda la Comunidad Económica Europea y que han culminado en el polémico Proceso de Bolonia.
-Cuál es la perspectiva de un arquitecto al finalizar la carrera?
-El estudiante de arquitectura ya no tiene tan claro como antes que su futuro va a ser el ejercicio libre de la profesión. En la actualidad, hay en España 50.000 arquitectos pero en menos de 10 años seremos 50.000 más. Esta situación va a cambiar definitivamente el perfil de la profesión que hasta el momento ha sido marcadamente individualista. Este año se celebra en Valencia el Congreso Nacional de Arquitectos y allí se va a producir con toda seguridad este debate de hacia dónde va la profesión. Creo que la tendencia se dirige hacia la consolidación de despachos interdisciplinares de tamaño medio o grande, contemporizando con el ejercicio de la profesión de arquitecto más al uso, con pequeños encargos para particulares.
-¿Considera que su trabajo está suficientemente reconocido?
-Voy a ser optimista y a contestarle que, en general, sí. La de arquitecto ha sido históricamente una profesión con mucha reputación, tal vez debido a nuestra formación técnica y humanística, aunque hoy, dicho prestigio ha decaído bastante con respecto a otras profesiones liberales similares. Esto puede deberse a la masificación en las escuelas de arquitectura y a la relativa facilidad con que hoy se consigue el título de arquitecto. Por otro lado, nuestra responsabilidad se ha visto agravada con la aparición del nuevo Código Técnico de la Edificación que, de un plumazo, nos ha devuelto prácticamente a todo el colectivo de arquitectos de nuevo a la escuela. Ha supuesto un enorme trastorno para todo el colectivo en general y, en particular, para los compañeros más veteranos que no acaban de entender por qué han de volver a aprender de nuevo su profesión.
-¿Qué es lo mas gratificante para un arquitecto?
-Sin duda, ver acabada su obra. Esta profesión es progresiva y acumulativa. A medida que vas trabajando vas incorporando a tu bagaje profesional toda la experiencia del proyecto y de la obra vivida. Y este bagaje te va dando, a su vez, cada vez más sensibilidad para el desarrollo de tu trabajo. Creo que es una de las profesiones en que más importante resulta la experiencia profesional. Por eso pienso que es necesario respetar al arquitecto veterano. Otra cosa es la proyección más o menos fulgurante que cada cual consigue darle a su trayectoria . Pero, en cualquier caso, lo que siempre cuenta es la experiencia profesional.
-¿Le gustaría que alguno de sus hijos siguiera sus pasos?
-Desde luego que sí. Pero todo ello con independencia de cualquier tipo de aspiración socio-económica mía para ellos o de ellos mismos. Creo que es una disciplina que requiere una formación muy completa y, como tal, uno siempre aspira a que sus hijos alcancen el mayor grado de conocimientos posible. Siempre, desde el seno de mi familia, desde el recuerdo del afán que tenía mi padre por el conocimiento y el dominio de las técnicas artísticas de la pintura y de las Bellas Artes en general, me he sentido atraído por la formación que recibieron hace 500 años los artistas del Renacimiento. En ese sentido, creo que la del arquitecto es la formación que más se asemeja a la del Hombre del Renacimiento.
