"Cuando los hijos son pequeños no tienen la misma necesidad de espacio que en la etapa de la adolescencia. Entonces sí que sería bueno que pudieran disponer de su propia habitación porque reclaman su propio espacio", sostiene Catalina Mellado. Como no siempre es posible cambiar de vivienda, siempre existe la posibilidad reordenar el piso cambiando de ubicación los muebles, incluso creando o suprimiendo habitaciones. Es una cualidad, la de la flexibilidad.
En ese sentido, la exposición Living in motion, design and architecture for flexible living, organizada por el Vitra Design Museum, recorre Europa desde el año 2002 proponiedo y haciendo un repaso de objetos y viviendas que aportan soluciones imaginativas a espacios reducidos. Sólo hay que recordar las casas flotantes asiáticas, las viviendas japonesas con tatamis, los tipis de los indios americanos, las chozas africanas, los iglús de los esquimales (aunque en tierras más cálidas también le han cogido el gusto; existe la Associació de Constructors d"Iglús de Catalunya).
Por lo visto, no es necesario ir tan lejos para encontrarse con estas propuestas, ni geográficamente ni en el tiempo. En España se convocó el primer Concurso de la Vivienda Mínima en 1929. Después han ido surgiendo conceptos como Drawer House, muy querido en Tokio porque se trata de un espacio adaptable y flexible según las necesidades de cada instante. Container House, fácil de imaginar. Naked House, del japonés Shigeru Ban, de una sola habitación que pueden utilizar hasta cuatro personas.
Si tienen alguna urgencia pueden acudir al arquitecto australiano Sean Godsell, que ha creado Future Shack, una vivienda que se monta en 24 horas. Loftcube, para hacer habitables las azoteas urbanas. Hanse Colani Rotor House, una propuesta de un diseñador italiano, Luigi Colani, para un espacio de 6 metros cuadrados. Microflat, un poco más grande que la anterior (32 metros cuadrados), del arquitecto inglés Piercy Conner. Como siempre, es cuestión de imaginación y buen humor. No hay más remedio.