El artista vasco expone su trabajo 'GAP. Espacio Latente' hasta el 12 de julio en Valladolid.
María Aurora Viloria, El Norte de Castilla.
Aitor Ortiz está representado desde el 2004 en la Colección Arte Contemporáneo, la permanente del Patio Herreriano, con las obras 'Destructuras 007' y 'Modular mod 026,011 y 016'. Ahora esta última forma parte de la exposición 'GAP. Espacio latente', que acogen las salas 3, 4 y 5 de la segunda planta del museo vallisoletano. Organizada en colaboración con el Koldo Mitxelena Kulturunea de la Diputación Foral de Guipúzcoa, la muestra reúne 32 obras, desde nuevos proyectos a fotografías de series anteriores del artista vasco, como 'Amorfosis', 'Muros de luz', 'Room in progress' o 'Modular mod', y se completa con un extraordinario catálogo con texto de Alberto Martín Expósito.
Ortiz, que vive y trabaja en Bilbao, siempre ha relacionado su obra con la arquitectura, pero no para ofrecer una representación real sino para reflexionar sobre el espacio, las construcciones y la relación de éstas con la imagen, con el objetivo de romper con la fotografía plana. Adapta además las piezas a la sala, por lo que cada exposición es única, y juega con la luz y con las sensaciones que experimenta el espectador, al que convierte así en protagonista.
Ese proceso de deconstrucción al que ha dedicado los últimos diez años y en el que cuestionaba los modos de presentación espacial de la fotografía, le ha llevado a crear objetos tridimensionales, fotografías en el espacio o construcciones fotográficas, en lugar de imágenes sobre la arquitectura. Ahora estas piezas están expuestas en la sala 5 del Patio Herreriano y el visitante puede circular entre ellas e, incluso, a través del reflejo y las transparencias, participar en ellas.
Todo comienza con imágenes que lo mismo pueden ser de una construcción que de un derribo pero que, en cualquier caso, no muestran la estructura original del edificio sino una trama de andamios. Además, han abandonado el plano y se han separado de la pared por uno de sus lados, por lo que han empezado a adquirir volumen. Es el primer paso antes de convertirse en cubos impresos por las cuatro caras con más de cuatrocientas fotografías y en bloques de distintas formas que transmiten una sensación espacial.
Línea roja
Antes, si sigue el orden de la exposición, que ocupa también otros lugares, como el claustro, y tiene señalado el recorrido por una línea roja, el espectador se encontrará con una instalación formada por un muro pintado también de rojo que tiene como objetivo prepararle para lo que va a ver, el proceso de cómo la fotografía aborda un lenguaje topológico. Primero son imágenes de objetos configurados con luz que forman maquetas que se vuelven a fotografiar hasta crear espacios que parecen reales e invitan a penetrar en ellos.
Luego, como su mirada es necesaria, el artista la condiciona aislando determinados elementos de la plataforma de un viaducto para convertirlos en esculturas en el paisaje. Juega así Ortiz con la ficción y la apariencia hasta lograr implicar a quien contempla sus obras en una apasionante experiencia.