La Catedral de Oviedo fue construida como capilla palatina en el siglo IX por orden del Rey Alfonso II, que quería imitar la capital visigoda de Toledo. La Cámara Santa recibe la visita de peregrinos y turistas para observar sus joyas del pasado.
M.F.Antuña, el Comercio Digital
Es visita obligada. Pero puede que su pasado prerrománico quede aprisionado por todo el esplendor gótico de la Catedral de Oviedo, por todo el peso de un pasado aún muy presente que habla del paso de miles peregrinos, esos que atravesaban y atraviesan sus inmensos muros de piedra para venerar reliquias con auténtica devoción.
Pero la Cámara Santa, la que alberga el Santo Sudario y el Arca Santa, la que luce con honra infinita las Cruces de la Victoria y los Ángeles, la que muestra orgullosa la Caja de las Ágatas, es mucho más que un contenedor de exquisitas joyas, es un auténtico continente de esa arquitectura que única y exclusivamente se hizo en Asturias hace más de diez siglos atrás. Es prerrománico, concretamente el que se edificó en aquel reino en sus segunda etapa, bajo el mandato del Alfonso II. Narra la historia que el rey, empeñado en imitar la antigua capital visigoda de Toledo, ordenó la construcción de edificios civiles y religiosos, entre los que se encontraba la Cámara Santa. Era entonces, allá por el siglo IX, una capilla palatina compuesta por dos plantas superpuestas y sin comunicación entre ellas. Porque, pese a que las reliquias que visitan los turistas que acuden a la Catedral se encuentran en la capilla de San Miguel, a la que hoy se accede por una moderna escalera, también está bajo ella la capilla de Santa Leocadia, dedicada exclusivamente a enterramientos.
Puede que el peregrino que busque viajar al Jerusalén de dos mil años atrás mientras mira el Santo Sudario se olvide de la rica decoración escultórica de ese pequeño espacio de planta rectangular al que los años y las reformas han ido limando parte del encanto prerrománico que debió tener. Eso es la arquitectura: sumar y sumar, hasta convertir la Cámara Santa es un espacio de la Catedral de San Salvador y en lugar imprescindible de paso entre quienes pisan Oviedo. Y lo es porque no sólo de arquitectura vive el arte con mayúsculas. Por eso este espacio es especialmente mítico para los amantes del prerrománico, porque en él se conservan auténticas joyas de la orfebrería de aquel momento, que son, además, símbolos de la Asturias de ayer y hoy. Las magníficas filigranas doradas de la Cruz de los Ángeles, la exquisitez de la de la Victoria, donación de Alfonso II el Magno, y la hermosura y colorido de la Caja de las Ágatas acaparan miradas tras la verja que nunca se traspasa y que se vigila con auténtico mimo desde que hace 33 años Asturias entera se sobresaltara con el expolio de la Cámara Santa. Aquellos símbolos quedaron gravemente dañados y tuvieron que ser reconstruidos antes de ponerse de nuevo ante los ojos de turistas y peregrinos.