El investigador histórico Francisco Javier Muñoz estudia la reconstrucción de la ciudad armera después de la Guerra Civil.
Ricardo Díez, el Correo Digital.
Eibar fue arrasada durante la Guerra Civil, con una destrucción que derribó un porcentaje altísimo de los edificios que existían antes de la contienda. Pero después llegó la reconstrucción de la villa, impulsada por los planes para las Regiones Devastadas puestos en marcha por el gobierno de Franco. Toda esta reurbanización del municipio está siendo estudiada ahora por el investigador histórico Francisco Javier Muñoz, gracias a que su proyecto 'La construcción de Euskal Herria: la reconstrucción de Eibar' fue merecedor de la Beca Juan San Martín que ha otorgado este año el ayuntamiento de la villa armera.
El trabajo de Muñoz tiene como objetivo concretar los proyectos que se redactaron para la reconstrucción de Eibar en la posguerra. En concreto, su investigación abarca el período entre 1937, año en el que el municipio cae en el bando nacional, y 1950. «Se trata de estudiar las líneas urbanísticas que se van a marcar, el tipo de proyectos que se van a poner en marcha, sus características y quién los lleva a cabo, tanto en la arquitectura residencial como en la industrial. Al mismo tiempo, también cuentan todas aquellas iniciativas ligadas a la reconstrucción», señala el investigador.
Regiones Devastadas
Eibar, al igual que otros municipios como Irún, Elgeta, Durango, Mungía o Gernika, fue considerada por la Dirección General de Regiones Devastadas como una de las localidades en la que era necesaria emprender una reconstrucción integral. Por ello, se incentivó tanto la iniciativa estatal como la privada. «Se ofrecieron ayudas económicas desde el Estado para emprender la reconstrucción, tanto en edificios para viviendas como en infraestructuras industriales, y recuperar cuanto antes la actividad económica que había de antemano en Eibar», explica Muñoz.
En este estudio juegan un papel importante los modelos arquitectónicos que se utilizaron en la reconstrucción del municipio. Al régimen franquista le interesaba crear un tipo de arquitectura específica que quedara asociada a la nueva forma de Estado. «El gobierno de Franco buscaba una arquitectura oficial. El régimen sentía nostalgia de los grandes períodos de la España Imperial, y fijó un concepto de la arquitectura bastante clásico, con El Escorial como ejemplo de ideal arquitectónico. Sin embargo, el modelo arquitectónico nunca se concretó de manera definitiva, puesto que durante los primeros años del franquismo se combinó la construcción de edificios teniendo en cuenta la grandiosidad clásica con otros en los que se siguió una arquitectura de carácter muy funcional, muy racionalista», señala el investigador.
Dos tendencias
Estas dos tendencias se pueden ver en muchos de los edificios que se construyeron en Eibar en la posguerra. «Por ejemplo, en edificios como el Coliseo y en las fachadas de algunas viviendas se puede ver claramente esa tendencia clasicista. Sin embargo, la plaza del mercado de Errebal era un edificio de carácter funcional», explica Muñoz. En las promociones de vivienda social, los proyectos siguieron también la línea racionalista, que era más económica. «Al final, lo que primaba eran los medios y los recursos económicos que se disponían para hacer esas casas», afirma el autor del estudio.
La edificación para usos industriales también jugó un papel importante en la reconstrucción de Eibar, y además, de una manera diferente al resto de los municipios de las Regiones Devastadas. En general, el Estado intentaba zonificar las áreas de la ciudad, separando el ámbito residencial del ámbito industrial. Sin embargo, En Eibar no pudo hacerse de esta manera. «Por una parte, el municipio ya tenía una tradición de talleres en los bajos de muchos edificios de viviendas y romper con esta tendencia resultó casi imposible. Por otra, se trata de una localidad con un déficit importante de espacio, de modo que a los responsables de urbanismo no les quedó otra que optimizarlo conjugando la arquitectura residencial con la industrial», explica Muñoz.
Para el autor de este estudio, la reconstrucción de Eibar en la posguerra «es la clave para entender el aspecto que presenta el municipio hoy en día». No en vano, se crea una ciudad nueva después de la guerra. Uno de los principales proyectos fue la cubrición del río Ego, una idea fundamental para vertebrar los planes urbanísticos. «Lo hicieron para ganar espacio en la construcción de edificios», señala el historiador.
Al mismo tiempo, en la reconstrucción de Eibar después de la contienda se marcan las pautas urbanísticas a seguir en años posteriores, definiendo las reglas para construir edificios. Tal y como afirma Francisco Javier Muñoz, «podemos decir que el Eibar actual es el resultado de su reconstrucción tras la Guerra Civil, sumado a todo lo edificado en la época del desarrollismo de los años 60, y unido al proceso de transformación que está viviendo la localidad en los últimos años».